A la luz de la vela, sin ruidos mecánicos que taladren mi cabeza inconscientemente mientras mi cuerpo se tensa. Relajado a la luz de la vela, la cual ilumina débilmente la hoja de papel donde escribo ahora, el calor radiante y armónico que hace danzar las sombras a mí alrededor como si de un baile hipnótico se tratara llevándome a un mundo lejano donde se puede reflexionar. Pensando a la luz de la vela en mis errores, situación de recapacitación que en pocas ocasiones te da la vida, en mas un empujoncito de aliento para que volvamos a ir por el mejor camino para llegar a nuestro destino. Algunos viven buenas vidas, otros no tanto, pero en todas hay un momento para parar y sentarse a la luz de la vela a ponerse en contacto tus sentimientos mas profundos, esos que ni uno sabe que tiene. Tratando de ordenar la cabeza para poder dar lo mejor de uno mismo sin perjudicar a los demás.
Lejos de los objetos cotidianos mientras miro la lluvia caer en mi ventana pienso en mi familia y los momentos de paz, felicidad y regocijo que pasamos, les quisiera poder demostrar lo eternamente agradecido que estoy con ellos por haberme dado la oportunidad de poder ser quien soy. Sin ninguna distracción mas que la tormenta de afuera y la luz de la vela, recuerdo las personas especiales que hay en mi vida, la manera en que las traté, las veces que las decepcioné y las veces en que llegaron a admirar mis actitudes, se que muchas veces me equivoque con respecto a muchas cosas que hice en mi vida pero nunca es tarde para arrepentirse y tratar de mejorar en algún aspecto. Sin la luz de la vela salgo a caminar bajo la lluvia por el único camino que conozco: El desconocido.
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